domingo, 28 de septiembre de 2008

Fiesta de la tierra y el cielo

Si algo es gozoso de esta ciudad de Barcelona –y que la distingue de mi añorado Madrid- son las fiestas que salpican continuamente el calendario y la ciudad. Parece que cada uno o dos meses, los barrios o distritos de la ciudad entraran uno a uno en una jubilosa efervescencia, engalanándose para atraer y recibir a los vecinos de los demás barrios. Son especialmente conocidas las del barrio de Gracia, a finales del verano, pero destacan ante todo las de la propia ciudad, durante la festividad de la Mercè, el 24 de septiembre. Desde el punto de vista laboral, la fiesta sólo tiene un festivo, como ocurre con San Isidro en Madrid, pero las actividades culturales, deportivas y gastronómicas se extienden casi dos semanas alrededor de esa fecha. Lo que hace especial estas fiestas –y las distingue de sus homólogas madrileñas- es que Barcelona, dado su menor tamaño, las vive aún con un sentido de comunidad que la capital, con sus cinco millones de habitantes -la tercera parte de los cuales pertenecen a otras provincias e identidades culturales del país que se han visto desplazados por razones de trabajo-, ha perdido, probablemente para siempre. Así, mientras la gente de Madrid me sigue pareciendo más cálida que los barceloneses, que son más reservados, más del norte, más europeos, las fiestas de Barcelona disfrutan de un ánimo y un brillo que, salvo en barrios muy tradicionales, como el de La Latina, nunca observé en la capital. Y creo que estas son el tipo de paradojas que con los datos en la mano no se pueden deducir, y hay que haber sido vecino de ambas ciudades para poderlas descubrir.

Pero volviendo al tema, las fiestas de la Mercè tuvieron un elenco envidiable de actividades, de muchas de las cuales participé en compañía de Cristina y algunos amigos madrileños (hola, Samuel) y catalanes (hola Lucía, Clara). La última, en el día de hoy, ha sido la denominada “Festa del Cel” o “Fiesta del cielo”, celebrada en la extensión del Forum y que reunió a miles de personas para una exhibición aérea de aviones, helicópteros y paracaidistas. Mi mayor motivación para ir, a parte del paseo en mi nueva moto con Cristina (que aún no la había estrenado), era la patrulla Águila, el escuadrón acrobático del ejercito del aire y cuyos aviones apenas se dejan ver, si el lector se fija un poco, en la fotografía que retrata al autor de este blog.

Sin embargo, aunque la exhibición de la patrulla Águila fue interesante y meritoria (desplegaron en el cielo, con sus reactores de colores, la bandera catalana además de la española, lo que no deja de ser un detalle por parte de una institución que todos suponemos rígida y centralista),


video

lo que más me impresionó con diferencia fue la exhibición aérea de un solitario reactor militar, invitado británico, que desplegó allí mismo una danza de autentico poderío. Se trataba de un Eurofighter, el último modelo de caza diseñado y construido íntegramente en Europa para dotar a los ejércitos de España, Alemania, y Gran Bretaña con un avión de superioridad aérea que rivalice con los F-22 americanos o los más antiguos Su-27 rusos. Lo cierto es que mientras la Patrulla Aguila, dotada de reactores de entrenamiento C-101, apenas se dejaba oír en el cielo, este moderno caza, plenamente operativo para la lucha aérea, atronó literalmente las playas de Barcelona.



Y fue la agilidad y potencia de que hizo alarde, ascendiendo en ángulo recto a velocidades ridículamente lentas, como sólo creía capaz a un cohete espacial, y ese bramido increíble de sus reactores, lo que me hizo pensar y sentir dos o tres cosas muy distintas y de cuyo análisis aún me estoy ocupando: por un lado sentí asombro y admiración, como la de un hombre ante un dios revelado; sentí también orgullo, porque lo que veían mis ojos era obra de los hombres, de cuyo ingenio participamos todos: un objeto que volaba y maniobraba a voluntad en el aire, una proeza que no hubiera soñado Dédalo, que hubiera hecho llorar a Da Vinci; y finalmente sentí miedo, sí, mucho miedo, porque aquella máquina increíble que atronaba mis oídos, que me llenaba a un tiempo, como he dicho, de asombro, admiración y orgullo, había sido construída por hombres, para matar a otros hombres... ¿Se imaginan todo ese ingenio puesto a disposición del bien común, de la provisión de agua y alimento para todos, de la búsqueda de energía y recursos limpios que respeten la convivencia con el hábitat, el único hábitat (Gaia), que tenemos?... Dios mío, ¿qué estamos haciendo?.

sábado, 27 de septiembre de 2008

2008 Presidential Election debate


Lejos de tomar parte, ya que no tengo voto en ese país, muchos de quienes me conocen saben los profundos lazos que me unen a los Estados Unidos de América y, como no podía ser de otra manera, -y debido precisamente al tiempo que residí y participé de su cultura y sociedad gracias siempre al esfuerzo que mis padres hicieron para enviarme allí- he seguido con interés, en su lengua nativa, el primer debate entre los dos candidatos a la presidencia del país. Tomo pues la palabra para participar del debate que ahora debería darse en el seno de todas las sociedades que nos sentimos y nos sabemos en la órbita sociocultural de la gran potencia de nuestro tiempo, América, cuyo destino está ligado al nuestro como el de Egipto o el de la Galia estuvo en su momento ligado al de Roma.
Creo que lo primero es lamentar que debates de esta magnitud tengan lugar con tan poca frecuencia y en espacios de tiempo tan breves, lo que no hace sino fomentar que los argumentos de los participantes sean superfluos y traten sólo la situación presente y su posible solución, sin lograr otra cosa que arañar la superficie de un verdadero debate ideológico y político, algo que Estados Unidos, un país absolutamente bipartidista (y por tanto la democracia menos democrática que puede existir, pues un partido menos y sería una dictadura!), encontraría verdaderamente enriquecedor.
Por ello, y porque el pueblo norteamericano está formado mayoritariamente por una clase media de elevado conocimiento específico y profesional pero escasa cultura general (hablo, sabiendo lo que digo, de increíbles lagunas en geografía y –aún más importante- en historia, por no mencionar la ciencia, mi querida ciencia, en un país que considera el Creacionismo una teoría tan contrastada como la teoría evolutiva de Darwin), Barak Obama ha sido especialmente aleccionado de cara a este debate para no profundizar en argumentos cuyo razonamiento esté basado en conocimientos propios de su educación elitista y que no serían seguramente seguidos ni compartidos por la inmensa mayoría de los votantes. El senador John McCain, tiene a su favor en cambio que ha sido elegido por sus compañeros republicanos precisamente por amoldarse a ese perfil tópico de americano sencillo y honesto, que habla al pueblo con frases directas (no importa si son incompletas, parciales o incluso falaces) y cuyo conocimiento deviene sobre todo de la experiencia, la honorable experiencia, de ahí que el partido Republicano elija casi siempre a candidatos de mayor edad que sus oponentes demócratas.
Para no extenderme demasiado y para asegurarme de que me centro en el debate que nos ocupa, iré desgajando algunos de los momentos que más me impactaron. Seguiré, señalando el minuto y segundo exacto, el video íntegro del debate en inglés (sin extrañas traducciones o censuras) que está colgado en la página de Televisión Española (http://www.rtve.es/noticias/) desde esta mañana.

En su primera mitad, el debate se centró en la crisis financiera y el estado interno del país, lo que condujo a temas de financiación de empresas (McCain) o de individuos (Obama), de paro y de salud pública. Me hizo gracia comprobar como el senador McCain presumía de que el estado federal no intervenía es la salud pública, dejando al ciudadano esa “decisión” (33’10’’), algo que no puedo dejar de comparar con el recuerdo que guardo de mis “padres” adoptivos americanos restando importancia a una tos terrible sencillamente para no tener que tomar la costosa “decisión” de ir al médico (una visita = $80). Y es que en Estados Unidos, la nación más poderosa de la Tierra, lo cierto es que al médico sólo van los ricos y los pobres que creen estar muriéndose (y aprovecho para decir que de seguir así la Sra.Aguirre, en la Comunidad de Madrid, mi patria chica, podría ocurrir lo mismo). En cualquier caso, para mi fue positivo comprobar que, en esta primera mitad del debate, Obama vinculaba el orgullo de ser americano al de tener unos servicios sociales ejemplares, y me extrañó que lo dijera tan rotundamente porque es sabido que, no sólo McCain sino la mayoría de los norteamericanos, entienden como un motivo de orgullo verdaderamente americano su política exterior y su hegemonía mundial, no la sanidad pública. Este orgullo hacia el exterior, lo que Juan de Mairena (Antonio Machado) llamaría patriotismo, puro y duro, queda perfectamente representado en varios momentos de la intervención del senador McCain, cuando saca a relucir, una y otra vez, que de ninguna forma deben los americanos permitir que Estados Unidos retire sus tropas y salga derrotado de Irak (56’46’’). Lo que no dice, por supuesto, es cual sería para él la definición de victoria, que en el conflicto iraquí me parece actualmente un imposible, sobre todo por el prestigio internacional que ha perdido EE.UU. desde que tomó unilateralmente la decisión de entrar en guerra con ese país. A todo esto, llama la atención, y espero que mi padre esté leyendo, que hoy, el que puede ser futuro presidente de Estados Unidos, Barak Obama, diga abiertamente que fue un error entrar en Irak (37’50’’) y esté decidido a retirar las tropas de allí mientras España era duramente criticada por hacer lo propio hace 4 años. La de vueltas que dan las cosas, ¿verdad papi?: parece que hasta los americanos se han cansado al final de buscar las dichosas armas de destrucción masiva ;-) Aquí viene a cuento las relaciones de EE.UU con España, ya que, aunque nadie lo esperaba, Obama lo sacó a relucir como un ejemplo de su argumentación sobre política exterior. Un poco antes, Obama ya había dicho que Estados Unidos seguía actualmente la política de hablar con países que no eran precisamente democráticos, sencillamente porque convenía, para lo cual se aplicaba la teoría –y cito la frase porque da justo en el clavo- “de acuerdo, son dictadores, pero son nuestros dictadores”. Con esta política en la mano, es posible hablar con China o Pakistan, por ejemplo, pero no con Venezuela. Y es entonces (69’10’’), hablando de que EE.UU. debería dialogar más, cuando Obama llegó de pronto a España, sorprendiendo por lo que pareció al propio McCain.
Dado que para nosotros, españolitos, es el momento estelar y nos afecta como ninguna otra cosa de este o futuros debates, lo traduzco literalmente lo mejor que sé:

Obama: “El senador McCain, consistentemente, llegó incluso a decir el otro día que no se reuniría en particular con el primer ministro de España, ya que no estaba seguro de si estaba o no en línea con nosotros!, Quiero decir, ¡España es un aliado de la OTAN!, ¡Si no podemos reunirnos con nuestros amigos, no sé cómo vamos a poder liderar el mundo a la hora de tratar asuntos importantes como el terrorismo”

McCain: “Bueno, no voy a plantear la agenda de la Casa Blanca antes de ser Presidente, ni siquiera tengo todavía el sello presidencial…" [y a continuación McCain respira hondo y cambia de tema]

Así que, por lo menos los españoles ya sabemos qué clase de futura relación nos espera con Estados Unidos según gane uno u otro candidato.
Todavía hubo algunas perlas más en el debate, como McCain insistiendo en que había visitado varias veces Afganistán e Irak y, por tanto (considerese la clarísima conclusión), a diferencia de Obama, conocía bien los problemas y la realidad de esos países (a mi me llevó un año de total inmersión en la vida norteamericana llegar a entender mejor su cultura, occidental y similar a la mía, pero sólo un vaquero como McCain se atrevería a decir que entiende a Afganistán y a sus talibanes con cuatro horas de visita oficial, toma ya!). Pero ese es un problema del que adolecen en general todos los norteamericanos y por extensión los ciudadanos de todas las naciones que alguna vez dominaron el mundo: son incapaces de comprender que entre conocer y entender una cultura existe un trecho enorme que sólo el tiempo, la dedicación y la buena disposición pueden cubrir.

Por otra parte y para ser justos, no puedo ignorar tampoco mi decepción con Obama al escucharle hablar abiertamente de matar a Bin Laden (45’45’’) en lugar de detenerle o llevarlo ante la justicia, como haciéndose eco de un deseo nacional de venganza que no parece tanto encajar con su personalidad como con una estrategia más para ganar la Casa Blanca. Lo que me hace pensar que, en cualquier caso, y aunque creo que ha quedado claro que espero que Obama lo consiga, no creo que su victoria significara a la postre una transformación de ese país como la ocurrida por ejemplo con la victoria de Kennedy en los sesenta.
Soy de la opinión de que hoy en día los candidatos, por muy "de color" que sean, tienen que venderse tanto y a tantos antes de alcanzar siquiera un debate presidencial como este que, para cuando les dan el deseado sello presidencial y las llaves del Air Force One, están más endeudados e hipotecados que los propios ciudadanos a los que dicen representar.

jueves, 25 de septiembre de 2008

El final del verano

Hoy jueves llegué temprano a casa y decidí salir con la bici a buscar el último día del verano. Pero ya no estaba allí. Había llegado tarde. Eran sólo las seis y el sol ya se inclinaba grávido sobre el horizonte, brillando sin fuerza, debilitado por la brisa fresca y racheada que me secaba el sudor sobre la piel desnuda de los brazos.
Y es verdad, el equinoccio ya pasó y la balanza, después de un breve instante de auténtico equilibrio, vuelve a inclinarse lenta pero inexorablemente hacia los días oscuros del invierno. A medida que el punto subsolar deje nuestras latitudes, camino del hemisferio sur, las sombras de mi barrio se volverán más alargadas, las aceras permanecerán a la sombra de los edificios y la luz, cada día más perezosa, se irá a dormir temprano.

En estos días aciagos en que las hojas de los árboles te susurran que te abrigues y las nubes proyectan veloces sombras sobre el suelo, uno no se cansa de pensar que hubiera debido disfrutar más del verano, que cada uno de esos días al sol, con apenas una camiseta y un bañador, fueron una auténtica bendición no reconocida. Oh dios!, lo que daría por poder retener el sol en mi piel… y no me refiero al bronceado. Era la claridad intensa y brillante de los días, la temperatura suave de las noches, eran las excursiones en bicicleta, las cervezas frías bajo los toldos llenos de sol, las gotas de mar evaporando sobre mi rostro y el sabor de la sal en los labios…
Y sí, ya sé, ya sé que aún vendrán días cálidos… pero es el primero y no el último de los días fríos el que trae consigo el final del verano.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Uno de esos momentos

A veces, en mitad de nuestra rutina diaria, en lo que puede ser el conocido trayecto de vuelta a la comodidad del hogar, nos vemos atrapados durante unos segundos en un momento extraño, un hito en el tiempo y el espacio que parece vacilar, como haciendo equilibrio, entre la fantasía y la realidad. En ocasiones, ese instante no tiene otro hecho más particular que el de hallarnos completa y asombrosamente solos y, claro, eso impide que tengamos siquiera un testigo presencial con quien compartir el momento exacto en que la malla tetra-dimensional que nos rodeaba pareció rasgarse y, por un solo segundo, ¿o fueron mil?, ofrecer a nuestros ojos algo más, pues vivimos en uno solo de múltiples universos, cobijados en una agradable realidad de cinco sentidos que no es sino una de las muchas caras, una burda aproximación, de una realidad mucho más compleja, rica y sutil. Luego, pasado ese momento, el cronómetro vuelve a ponerse en marcha, un desconocido irrumpe en la escena, un perro ladra en la calle y el llanto de un niño o el claxon de un coche nos deja de golpe, como un paracaidista que toca tierra, en el mundo que siempre ha sido y siempre fue, el que vemos y tocamos, el que escuchamos y saboreamos. Una ilusión, eso fue todo, sólo una extraña percepción. Pero no puedo evitar imaginar al hacedor de mundos graciosamente enternecido al contemplar el asombro que por ese instante recoge nuestro rostro lívido y extasiado, antes de echarse a reír, cerrar la puerta que ha abierto sin querer y continuar jugando con sus supercuerdas de once dimensiones.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Easy Rider



Como quizá algunos recordéis, la única pega que alguna vez le he puesto a la que hasta ahora era mi montura, mi flamante Kymco Zing II DarkSide, era que debido a su baja cilindrada (125c.c.), no podía, por más que la pobre quisiera, satisfacer mi ansias exploratorias y llevarme más allá de 60-70 Km de radio con centro en Barcelona, y eso dejaba muchas preguntas en el aire: ¿qué hay más allá de Montserrat?,¿y de Villanova?, ¿y de Mataró?...

Tenía que subir de cilindrada si quería alcanzar un poco más allá, así que vendí el más viejo de los coches, me saqué el carné “A” de moto justo antes de que entrara en vigor la nueva normativa y puse en Internet un anuncio de venta de mi pequeña DarkSide. El anuncio lo puse en agosto y el 1 de septiembre, apenas hubo regresado la gente de sus vacaciones, la moto ya tenía varios novios. Al final se la llevó un muchacho fortachón, de tercero de arquitectura, que pagó al instante y que, cuando vio cómo se me caía el alma a los pies en la entrega de llaves, prometió cuidar de ella con esmero. Les acompañé hasta la salida del garaje y dejé -como decía Lisa Simpson en ese gran capítulo del profesor sustituto- que se alejaran desgarradoramente de mi vida ;-))

Como todo cambia y evoluciona y ese es su único destino, ahora, a trece de septiembre, ya tengo conmigo mi nueva montura. Una perla negra y grana, una Hyosung Aquila de 650c.c. que todavía se comporta de forma fría conmigo y que por supuesto no concentra en su bella silueta ninguno de los recuerdos que atesoraba mi vieja moto. Es sin embargo lo que estaba buscando: cómoda de montar, pesada sobre la carretera y con un diseño custom deportivo en torno a un motor inyección de gran potencia. Eso sí, acostumbrado a los 12,5 CV de mi antigua moto, el día que saqué la nueva del concesionario, con sumo cuidado, ¡creí que me habían atado a un misil balístico intercontinental y habían apretado el botón rojo!. Diría que incluso noté la fuerza de Coriolis!.Y eso que la moto está limitada para que sus 80 CV se queden en sólo 35, como manda la ley, y me asombren pero no me espanten…


Con esta moto podré explorar, hacer salidas al parque natural del Montseny, a las playas de Begur o a los valles pirenaicos. En el bolsillo impermeable de mi bolsa sobre-depósito colocaré un mapa que me indique el trazado de las carreteras de montaña y en su interior mi cámara de fotos con la que llevarme de vuelta a casa las mejores imágenes que encuentren mis ojos.

Mucha gente que me considera una persona inteligente, o al menos sensata, me pregunta cómo diablos se me ocurre asumir el riesgo que supone moverse en una moto. Supongo que no hay una respuesta única o clara, como no la hay cuando te preguntan por qué amas a la mujer que amas o por qué te gusta el azul más que el amarillo. Pero creo que tiene que ver con la cercanía con que sientes el viaje y la carretera. Todos los elementos, el asfalto, el paisaje, el viento o la lluvia,… se sienten más próximos y el viaje se disfruta como nunca. Si vas bien equipado, bien abrigado e impermeabilizado, rodar bajo la lluvia se convierte en un placer y una tormenta en un auténtico espectáculo natural. Entiéndase, no estoy diciendo que montar en moto sea la culminación de todo ser humano, por supuesto que podría vivir sin ello y hay no pocas cosas en mi vida que antepondría a esa actividad (-como escribir). Sin embargo, todos somos un poco hedonistas, y todos, una vez cubiertas nuestras necesidades esenciales, nos procuramos aquello que nos da placer. Y eso precisamente es lo que hago cuando me subo a la moto y arranco el motor.