sábado, 26 de febrero de 2011

"Mi" solución libia


Durante mi niñez, en los mágicos y coloridos años 80, mi ordenador Spectrum Zx cargaba numerosos juegos de guerra en los que muchas de las misiones transcurrían en lo que entonces era un país perteneciente al “eje del mal” –mucho antes de que se acuñara ese término. Era un desierto blanco a la luz de la luna, desprovisto de estructuras y edificios, que pasaba raudo bajo el morro de mi avión o helicóptero, mientras volaba raso para no ser detectado por los radares enemigos. El objetivo solía ser una tienda de campaña, una enorme jaima camuflada con el desierto, donde los servicios de inteligencia decían dormiría esa noche un tal Gaddafi ( http://es.wikipedia.org/wiki/Muammar_al-Gaddafi ), a la sazón líder musulmán, patrocinador de algunos de los más salvajes atentados terroristas contra occidente.

En territorio libio, se decía entonces, se formaban todos esos terroristas que en los 80 actuaron sangrientamente en Viena, en Roma, en Berlín. Allí aprendían a colocar explosivos, a manejar y limpiar sus AK-47, a matar niños pelirrojos. Y todo lo financiaba el mítico Gaddafi, y era algo tan conocido de todos -y tan ansiada su muerte por los servicios de espionaje occidentales-, que el propio hombre en cuestión no dormía nunca –se decía- en el mismo lugar, nunca bajo la mirada de los satélites occidentales, sino que movía su jaima noche tras noche, de un punto a otro del desierto.

Después de aquello, los juegos de Spectrum pasaron a mejor vida, y como si de un paralelismo se tratara, también el odio hacia Gaddafi dejó repentinamente de ser alentado. Muy al contrario, se sucedieron imágenes de líderes europeos estrechando la mano oscura de este hombre envuelto en telas claras y abalorios dorados.

Es difícil explicar este cambio de actitud de la comunidad internacional e incompatible con la fe que uno pueda tener en sus instituciones o en sus líderes. Si en Libia está ocurriendo lo que dicen los telediarios, ¿qué espera Europa para actuar?, ¿no es Europa la primera en admitir su falta de peso y protagonismo diplomático en el mundo?, ¿y qué mejor ocasión para tomar las riendas de la ONU y encabezar una resolución rápida y eficaz que detenga el genocidio que está teniendo lugar a las mismas puertas de su casa?, ¿a qué esperan?, ¿a que la sangre empape el felpudo?.

No dejo de preguntarme para qué los ciudadanos europeos pagamos, fabricamos y mantenemos máquinas de guerra tan eficaces como el Eurofighter ( ver mi asombro en http://willparkersblog.blogspot.com/2008/09/fiesta-de-la-tierra-y-el-cielo.html ) si luego estas no sirven para detener matanzas como las actuales. Creo que todos los ciudadanos estaríamos mucho más de acuerdo en utilizar esas poderosas herramientas militares para detener masacres nacionales y derrocar a sátrapas y dictadores, antes que en invadir países por el interés de sus yacimientos petrolíferos.

Y no se trata de invadir Libia con fuerzas de ocupación extranjera, ni de mantener allí un ejército internacional con un sangriento coste, lento y continuo, de jóvenes vidas al estilo de lo sucedido en Irak. En Libia el pueblo ha iniciado ya el derrocamiento de la actual facción dictatorial liderada por Gaddafi, pero dicha facción está dispuesta a utilizar todo su mortífero poder para aplastar la revuelta de los insurgentes.

Quizá sea un inocente (en realidad, sé que lo soy) o haya visto demasiadas películas de acción, pero parece tan sencillo: un selecto escuadrón de asalto de fuerzas de operaciones especiales, como los SAS británicos, apoyados por helicópteros, vigilados por cazas, AWACS y satélites, realiza una rápida y discreta incursión en Trípoli, entra en el bunker, detiene a Gaddafi y se lo lleva esposado hasta el Tribunal Penal Internacional de La Haya para su juicio inmediato. Vuelo directo.

Sólo habría que dejar en el bunker una escueta nota de papel, dirigida a los secuaces de Gadaffi y a los militares tentados por el repentino vacío de poder:

“Que no tengamos que volver”



sábado, 12 de febrero de 2011

Por qué monto en moto

Ni por evitar los atascos de tráfico ni porque sea un medio de transporte más ecológico y sostenible. Es que, sencillamente, puede llegar a ser un verdadero placer.

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